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miércoles, 9 de julio de 2014

Política barrabrava

La seguridad en el fútbol es un tema habitual en la agenda del periodismo deportivo. Pero para la política nacional no parece que fuera así. De hecho, funcionarios públicos les dan trabajo a los barrabravas y no proponen medidas contundentes. Julio Grondona, en el ojo de la tormenta.

Lionel Messi llora por la violencia en el fútbol. En primer plano aparece el mejor futbolista del mundo con una lágrima que atraviesa todo su rostro en un spot realizado por su fundación y la Municipalidad de Rosario. “Nadie gana” es el lema. Para Raúl Gámez, ex barrabrava y dirigente de Vélez, el fútbol “se convirtió en un negocio para los violentos”. “Actualmente la situación con ellos es gravísima. El Estado, en vez de combatirlos, los lleva a actos políticos, mundiales. Los utilizan tanto Guillermo Moreno como Boudou. Julio Grondona sabe de esto también porque le gusta ser mafioso”, explica Gámez con cara de indignado en un bar de Liniers, barrio en el que vive. Cacho Nieto - así quiere que lo llamemos-  es hincha fanático de Chicago y coincide en que los políticos utilizan a los barras: “Hay un barra del club que es “culata”, o mejor dicho guardaespaldas, de Moreno, ex Secretario de Comercio. Este muchacho no podía salir del país y viajó al Mundial de Sudáfrica para custodiar a Messi”

La relación entre el sector político y los barrabravas es tan oscura como real. Con el paso del tiempo se agigantó y desde el Estado nadie se hace cargo. Incluye a dirigentes de los clubes y a las fuerzas de seguridad. Sus documentos son la portación de armas de fuego. La lista de víctimas que realiza la ONG Salvemos al fútbol, contabiliza 273 muertos y 60 de ellos en los últimos diez años.  

“Esto es culpa de los políticos porque bancan a las hinchadas. No pueden decir que no saben qué es lo que pasa, no quieren ver”, analiza Nieto en su casa de Villa Insuperable. Asegura nunca haber sido barra, pero sí amigo. Siempre estuvo, y está, en el club y cuando trabajó lo hizo adhonorem. Casualidad o no, viste remera y zapatillas verdes y en su cabeza cuelga anteojos del sol con marco del mismo color que el club de sus amores. Gámez tiene un saco y una camisa sobria pero también le apunta al Gobierno Nacional y al Presidente de la AFA: “Quieren aparentar que hacen algo tomando medidas ridículas como sacar a los visitantes o implementar el AFA Plus y es mentira, no hacen nada. A Grondona le viene bien darle poder a los barras para debilitar a los dirigentes. Él necesita dirigentes débiles para manejarlos”.

Cuando Gámez era aún directivo presentó un proyecto en AFA. Consistía en que no fuera el público visitante por un año y que no haya venta de entradas, los únicos privilegiados serían los socios. Javier Cantero quiso hacerlo pero la barra fue más fuerte. También propuso hacer un tribunal de disciplina pero fuera de AFA, con jueces elegidos por concurso porque “si Grondona lo maneja sería más de lo mismo”, sintetiza el velezano.

En los últimos 30 años las peleas de los barras cambiaron de modalidad. Así lo explica Nicolás Licera, socio de Huracán desde los cuatro años: “Cambió mucho la violencia. Ahora es entre barras del mismo equipo. Hay negocios y plata. Se pelean para repartir ese dinero. Como por ejemplo: los estacionamientos, las entradas, la plata que les dan por mes los clubes, la ropa y hasta porcentaje de jugadores”. Licera no se olvida de los arreglos políticos: “En muchos clubes están metidos altos dirigentes políticos que utilizan a los violentos para hacer trabajos sucios o llevarlos de campaña con sus bombos”.

El club Colegiales milita en la Primera B Metropolitana, tercera categoría del fútbol argentino. Tampoco está exento de las internas que atraviesan sus hinchas más peligrosos. En octubre asesinaron a Fernando “Pocho” Morales, jefe de una de las facciones del club. Éste tenía relación con el presidente de Colegiales, Rodrigo González, que a su vez era candidato a concejal para Vicente López por el Frente para la Victoria. Gustavo Pereyra es relator partidario del Tricolor, amigo de González y presenció el velorio y la posterior marcha hasta el cementerio de Morales a pesar de que asegura no haber sido su amigo, pero sí que existía un respeto mutuo. Los presuntos asesinos son del sector opuesto de la barra que integró Morales. Se los relaciona con el PRO y el Frente Renovador. “La intención del Secretario de Gobierno, César Torres, es manejar el club, como no lo podían conseguir por las buenas, trataron de hacerlo a través del control de la barra y el apriete a la Comisión Directiva. Todo esto es un apriete para el presidente”, sentenció sin sonrojarse Pereyra.

Gámez repasa anécdotas de enfrentamientos entre hinchadas cuando él era joven. Con conocimiento de causa, el dueño de una inmobiliaria en el barrio de las mil casitas dramatiza: “Este Gobierno va a tener más muertos que la última dictadura militar”. “Cuando Menem sacó la colimba la violencia fue cada vez peor. Los pibes salían más hombres. Menem es el mayor culpable”, declara Nieto mientras lucha por hacer callar a su handy. Sin ir tan lejos en el tiempo, Licera, que tiene 19 años, recuerda que “hace diez años las peleas eran distintas, eran peores”. Los vínculos con los policías y las comisiones directivas fueron creciendo. Lo que sorprende es que quienes deben brindar seguridad son cómplices de los que atentan contra el hincha genuino y el deporte argentino más popular. Las actividades de estos hinchas caracterizados sobrepasan al fútbol. “Cristian Ritondo, vicepresidente de la Legislatura porteña, y Roberto Quatromanno, legislador porteño por el PRO, están involucrados en Chicago. Saben lo que pasa. De hecho, Ritondo se va a postular como vice el año que viene. Es sólo por dar un ejemplo. Ritondo preside la Solano Lima que es una de las agrupaciones más delincuente que hay en el país”, explica con una pizca de resignación Cachi Nieto. Además asegura que “en la agrupación Túpac Amaru de Jujuy está metida con el club Gimnasia y Esgrima de aquella provincia”. Esta asociación es presidida por Milagros Sala, que tiene conexión política con el Frente para la Victoria.



Para todos los entrevistados la violencia en el fútbol “no tiene vuelta atrás”, excepto para Pereyra, que tiene fe en que de a poco “todas las instituciones llegarán a una solución definitiva con la presencia de barrabravas, pero sin violencia”. La pasión del fútbol argentino se está perdiendo. Año tras año, los hinchas concurren menos a los estadios y el folklore de los cánticos entre una hinchada y la otra desaparece. En 20 años la asistencia en las canchas argentinas disminuyeron en un 100 por ciento. En la temporada 1993/1994, la venta de boletos ascendía a 2.743.990 mientras en la etapa 2012/2013 se pasó a 1.297.679.


Mientras, Messi llora por la violencia en el fútbol nacional. Messi caracteriza a los fanáticos de este deporte que quieren  ir a ver tranquilos un partido de su equipo favorito. Messi quiere que gane el fútbol.


viernes, 1 de noviembre de 2013

Vuelta a Boedo

La desaparición del Viejo Gasómetro; la vuelta a Boedo; y la Ley de Restitución Histórica.

Nicolás Levy Renaud

Hernán Gerez Torres

Albano Spagnoletti

Exequiel Salgado

Pablo De Paris

http://www.youtube.com/v/vr5u0Uv9xR8?version=3&autohide=1&autohide=1&feature=share&showinfo=1&autoplay=1&attribution_tag=PTx01Wiije75ZsbzahA8hw

Biografía Adrián Domenech

Biografía sobre Adrián Domenech realizado por:

Nicolás Levy Renaud

Albano Spagnoletti

Exequiel Salgado

Hernán Gerez Torres

Pablo De Paris

http://youtu.be/Tnb1h4FhJZQ

jueves, 10 de octubre de 2013

INFERIORES DE COLEGIALES




El club Colegiales queda en Munro, más precisamente en Malaver y Posadas. Está en la Primera B Metropolitana. Se puede observar que uno de los paredones pegado a la cancha principal se convirtió en cascote producto de la tormenta del último 2 de abril.

Desde Primera División hasta sus Inferiores se entrenan allí. El club comienza a probar jugadores desde que tienen edad de infantiles, 11 años. Y pueden participar tanto en Torneos de AFA como en Liga Argentina dependiendo del nivel del chico. No cuentan con algún convenio de intercambio de jugadores. La captación de jugadores es únicamente a través de los chicos que se presentan el día de la prueba. Como fue el caso de Elías Borrego, enlace creativo y joya de Colegiales, y de Santiago Tossi que hace unos meses debutó en Primera. Borrego, de 22 años, ya tiene unos cuantos partidos con la camiseta de Colegiales y contó que llegó al club para la 6ta división porque le “quedaba cerca de la casa aunque quedó libre en el colegio por tener que trabajar”. En el caso de Tossi fue diferente: terminó la secundaria. Ambos coincidieron en que los técnicos repetían que estudien porque no todos iban a poder vivir del fútbol. “A los más vagos, los entrenadores les pedían los boletines”, sentenció Tossi.

En el bufet, donde ingresan unas 50 personas, se encuentra Fernando De Souza, técnico del Selectivo que sería como una Reserva si se lo compara con Primera División. De Souza tiene dos etapas en el club. La primera abarca desde el 2002 hasta el 2009. Luego volvió en el 2011 donde fue entrenador de la Primera por 4 partidos y ayudante de Atilio Svampa, una gloria del club. Actualmente está pendiente de los chicos que pertenecen a Colegiales y todavía no subieron al equipo profesional. “El proyecto de la pensión está. De hecho se construyeron 4 habitaciones debajo de la tribuna pero por falta de dinero se suspendió”, se lamenta Fernando que de igual manera asegura que el plan sigue entre las prioridades del club.

Al no tener un médico fijo, las Inferiores del club se las arregla con cada preparador físico con la alimentación. De igual modo el doctor de la Primera baja reglas básicas para que los chicos sepan lo que está bien y no. “A mí me hicieron anotar lo que comía durante dos días para ver si estaba bien alimentado”, comenta Tossi que rápidamente subió del Selectivo a Primera. Donde se hace más hincapié es en los jugadores que tienen problemas con aumentar o bajar de peso.

Antes de llegar a los 14 años a Cole, Tossi se probó en Tigre y en River. Al no tener suerte, fue al club de Munro y se sorprendió al notar que la competencia en las juveniles es “muy seria”. Borrego recordó con melancolía que con su categoría salió 5 veces campeones ya que jugaban con equipos que militaban en la C y D. Esto ahora no sucede porque Colegiales compite con equipos de la B Nacional y B Metro.

Los cuerpos técnicos de las infantiles que participan en Liga Argentina y torneos de AFA se componen de: 2 técnicos, 2 preparadores físicos y 1 coordinador. Mientras que 7ma y 9na división tienen un mismo entrenador y comparten el preparador físico con la 8va que tiene otro dt. En la 4ta y 6ta tienen el mismo director técnico y preparador físico con la 5ta que, a su vez, tiene otro entrenador. A estas distintas divisiones los controla el mismo coordinador. Al no haber utilero, el que se encarga de que las camisetas estén limpias para el próximo partido es un allegado al club o el mismo cuerpo técnico.

La compra de jugadores juveniles por parte de empresarios también se hace presente en Colegiales. Elías Borrego afirmó que a él “le compraron un porcentaje de su pase en $50000”. Fernando de Souza ratifica esto y opina: “No es lo ideal. En la mayoría de los casos, se venden porcentajes en bajos montos cuando en el futuro pueden valer mucho más. Pero eso depende de las necesidades del club”.


Y así son las divisiones menores de Colegiales. Un club que pone el pecho día a día con sacrificio y trabajo.

LA GENERACIÓN ROBADA

Ricardo González mira el papel en sus manos. Lee y relee su nombre en tinta negra, que aparece bajo el membrete de la Comisión Investigadora 49. La citación para el 27 del corriente mes de enero de 1956 no le trae pensamientos gratos. Con el gobierno militar en el poder, ese pedazo de papel no puede significar nada bueno.
Ya pasaron cinco años desde que sostuvo en sus manos la Copa del Mundo de Básquet, desde que, como capitán, agradeció “a todo el pueblo argentino” en un Luna Park repleto. Hace unos instantes, su cabeza se entretenía con el sueño de la gloria olímpica en los Juegos Olímlipicos, en la ciudad australiana de Melbourne. Pero ese pedazo de papel se lo hace olvidar por un momento. En unos días sabrá que lo que queda de su carrera, junto con el resto de la élite del deporte, será borrado.
***
La Generación Dorada, liderada por Manu Ginóbili, Andrés Nocioni y compañía, obtuvo en 2002 el segundo puesto en el Mundial de Indianápolis. Más de cincuenta años antes, en 1950, el primer campeonato del mundo quedaba en manos de la Argentina, con González como capitán y con Oscar Furlong como figura. Después de derrotar a todos sus rivales, incluido al poderoso equipo estadounidense, se consagraron simultáneamente como el primer campeón del mundo y, sin saberlo ni quererlo, en el equipo insignia del peronismo. Pero el reconocimiento que recibieron los dirigidos por Rubén Magnano contrasta con el recuerdo que quedó de aquella camada de pioneros.
Juan Domingo Perón sabía de la importancia del deporte como producto de exportación y manejo de masas, y ya tenía varios deportistas bajo su ala: Juan Manuel Fangio en automovilismo, Mary Terán de Weiss en tenis, y Pascual Pérez en boxeo, entre otros. Pero no contaba con un conjunto nacional que pudiera representar sus ideales, y la talentosa generación de básquet fue su apuesta.
Ése fue el comienzo del fin. Cinco años más tarde, la Revolución Libertadora derrocaría al presidente democrático e instauraría un régimen militar que buscaría eliminar todo recuerdo y referencia al líder justicialista.
Todo esto terminaría en una tragedia bastante paradójica: después de ser citados por la mencionada Comisión Investigadora, 35 basquetbolistas serían penados de por vida con el pretexto de haber recibido dinero y bienes en un deporte reglado por el amateurismo. La paradoja es doble: el apoyo económico se había circunscripto sólo a un permiso de importación de un automóvil y, como si fuera poco, la mayoría de los jugadores alcanzados por esta recompensa no sentían lealtad alguna por el ex presidente. “Dentro de nuestro equipo eran casi todos anti peronistas”, dice Ignacio Poletti, el más jóven del plantel. “A Furlong, Perón le había sacado la empresa que tenía y le había pagado dos pesos con cincuenta”.
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Ricardo González se mira las manos, arrugadas por el paso del tiempo. En algún lado queda la bronca y la impotencia que sintió en el momento en el que cortaron su carrera y la de sus compañeros. “Nosotros íbamos a los Juegos en Melbourne; para mí, para Furlong, y para todos los que estábamos en ese equipo, hubiese sido un espaldarazo brutal”, cuenta, sin dejar de mirarse las manos. “En los Panamericanos del ‘55 habíamos salido primeros, a Estados Unidos se le ganó dos veces en el ‘53, en ese año Argentina salió campeón mundial universitario. También había nadadores como (Héctor) Domínguez Nimo, (Alberto) Nicolao, campeones mundiales en ciclismo, esgrimistas. Dejaron a oscuras al deporte”.
La voz de Oscar Furlong en el teléfono afina el eje del que hablaba su compañero: “En el mundo el amateurismo del básquet era cosa del pasado. Menos acá, parece”, dice el escolta. “Lo que pasó es que había un grupo de dirigentes que se hacían los amateuristas para mostrarse como opositores a Perón y conservar sus puestos en la Confederación”, agrega.
Esos mismos dirigentes que habían acompañado a la delegación en sus viajes interprovinciales e internacionales fueron los que los echarían a la hoguera. En 2009, Ricardo González fue homenajeado por la Federación Internacional de Basquet Asociado (FIBA) al ser introducido en el Hall de la Fama, en Madrid. Pero su orgullo y felicidad se vieron empañados por la siguiente distinción: bajo su nombre figuraba el de Luis Martín, uno de los tantos responsables del fin de su carrera. A pesar de que la Confederación Argentina de Básquetbol (CABB) se opuso a su nominación, la FIBA hizo caso omiso a los reclamos. “No me gustó figurar con él. Martín fue uno de los que levantó la mano y dijo ‘sí, hay que sancionarlos.’”, dice hoy González, en la comodidad de su amado club Palermo. “Él pudo haberse ido con nosotros, pero decidió quedarse. Y cuando llegó el momento para sostenerse en la Confederación, aprobó la sanción”.
Para Emilio Gutiérrez, sociólogo y autor de “Basquetbol argentino. 1956, donde habita el olvido”, las razones que dieron para esta decisión fueron excusas: “El amateurismo fue el argumento usado para acabar con la mejor generación y el mejor equipo del siglo XX, aunque estuviera en desuso.” Poletti acota: “Éste fue el único país del mundo en el que los dirigentes que suspendieron a jugadores por profesionalismo fueron los mismos que antes lo habían avalado”.
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Ricardo González entra a la cancha del Club Palermo para ver a un grupo de adolescentes jugando al deporte que a él le negaron hace 57 años. “¿Sabés qué es lo peor? No es que nos hayan borrado a nosotros, o a otros deportistas del momento. Es el golpe para el semillero. Sin figuras se hizo imposible que a los chicos les interesara el deporte”.
En 1967, la pena fue levantada para 23 de los 35 sancionados. Los otros 12, jugadores de Racing Club al momento del castigo, nunca fueron redimidos. El dato es casi una anécdota, porque de cualquier manera, para ese entonces el grupo ya había pasado la edad de retiro y no pisaría las canchas de nuevo. Furlong agrega: “La sanción sacó a una camada entera. El básquet nunca terminó de recuperarse”. González volvería a jugar en la categoría para veteranos, pero su tiempo bajo el reflector había quedado atrás hace tiempo. “Al básquet le tomó más de treinta años empezar la recuperación, gracias al impulso de la Liga Nacional de León Najnudel, pero todavía no tenemos nada asegurado.”
Aunque esa recuperación tardó, a su tiempo se plasmó en un puñado de nombres que, en el comienzo del siglo XXI, elevaron a la Argentina a los primeros lugares del deporte. Pero la Generación Dorada ya empieza a contar sus últimos días y la renovación de talentos aún se ve lejana. Intentar vislumbrar el futuro de un equipo nacional a largo plazo es, como lo demostró la Comisión Investigadora número 49 hace 57 años, una tarea imposible.
Los que quedan de la Generación Borrada, diezmados en espiritualmente por intereses políticos hace casi seis décadas y físicamente hasta el día de hoy por el inexorable avance del tiempo, siguen adelante como pueden. Sin olvidar la oscuridad que quisieron y lograron imponerles. Pero sabiendo que la llama que encendieron no pudo ser apagada, y que su luz, tarde o temprano, volvería a ser vista.

Las basquetbolistas del General
Susana Abad, María Izal y Casilda Triacavilli eran integrantes del equipo de básquet de la Unión de Estudiantes Secundarios peronistas (UES, que dentro tenía basquetbolistas como Ricardo Alix y Miguel Ballicora) dirigido por el profesor Jorge Canavesi, entrenador del seleccionado masculino campeón en 1950. El técnico ya se había distanciado de la selección antes de la suspensión del ‘56. “En el Panamericano del ‘55 ni apareció, porque estaba armando lo que era la UES Trotters, una especie de Globetrotters pero con mujeres, que entrenaba directamente en la quinta de Olivos”, explica el sociólogo Emilio Gutiérrez. “Luego de una derrota lo llamaron. Le dijeron: ‘Los equipos del General no pueden perder’ y le elevaron un sumario. Lo mandaron al exilio, tuvo que arreglar las cosas y se fue a la Patagonia”.
“El COA siempre había sido manejado por gente de la clase alta, eran autárquicos, hacían lo que querían, pero Perón metió la Comisión Argentina de Deportes (CAD-COA) y al mando puso a su amigo Fernando Huergo, esgrimista, y como director a Rodolfo Valenzuela, presidente de la Corte Suprema”. Una vez derrocado el peronismo, el informe final de la Comisión de Investigación número 49 sugirió inhabilitar a las tres jugadoras, que figuraban allí por haber cometido la ‘inadmisible irregularidad’ de haber aceptado la disminución de categoría (habían jugado en primera y pasaron a jugar en tercera para la UES gracias a un permiso extraordinario concedido por el Dr. Valenzuela) una vez que el libro de pases había cerrado, y no por el hecho mismo de haber participado en ese programa deportivo.




Nicolas Levy
Belén Macías
Juan Manrique
Pablo de Paris
Martín Squeri

jueves, 16 de mayo de 2013

Entrevista con prosecretario de la Confederación



En el edificio ubicado en Montevideo al 400, centro de la Ciudad de Buenos Aires, se encuentra la Confederación de Básquetball. En el noveno piso está la oficina que entre polvo y remodelaciones, el ingeniero Carlos Álvarez charló con nosotros. Álvarez es el prosecretario de la Confederación.

-¿De qué manera buscan talentos?

-Concentramos a las pre-selecciones de todas las categorías en 30 jugadores para después decidir los 12 chicos que van a competir. En los finales de los años hacemos una conclusión de detección de talentos. Esto lo hacen específicamente los técnicos de selecciones tanto masculina como femenina en consulta con los entrenadores de las distintas provincias.

-¿Reciben alguna ayuda estatal?

-Tenemos un buen plantel de técnicos en todas las categorías y además incorporamos un cuerpo médico de excelencia. Es una estructura muy costosa que se lleva adelante gracias a la Secretaría de Deportes ya que el CeNARD es el lugar de concentración de nuestras Selecciones prácticamente todo el año. Además el apoyo económico del Enard y de la Secretaría ayuda muchísimo para sustentar viajes y pagar sueldos.

-¿Todo el sustento es sólo por parte del Estado?

- No, eso es una gran parte. El resto es empresarial y privado. Para eso está la comercializadora de la Confederación que se encarga de vender la marca CABB.

-¿Hay becas en el básquet?

-Los técnicos tramitan las becas estatales cada año a través del nivel deportivo de los jugadores. Suelen ser para los deportistas que están en las Selecciones inferiores.

-Teniendo que renovar a la Generación Dorada, ¿cómo ve el futuro del básquet nacional?

-Año a año estamos consiguiendo resultados en las juveniles y al mismo tiempo logramos mantener el mismo grupo de jugadores lo cual es muy importante.