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miércoles, 9 de julio de 2014

Procedimiento policial insólito en la final de la Copa Argentina

Los ingresos a los estadios del fútbol argentino son, en muchos casos, vergonzosos. Apretones, empujones, gritos, corridas, policías reprimiendo. Leila Argüello tiene 25 años y es hincha de San Lorenzo. Lo sigue a todos lados desde 2007. Siempre la acompaña su mamá. Con la prohibición para los hinchas visitantes, sólo concurre al Nuevo Gasómetro.

Cuando el club de Boedo llegó a la final de la Copa Argentina frente a Arsenal, el 16 de octubre, se les abrió la puerta a los hinchas para volver a viajar y presenciar el partido en Catamarca. Leila viajó con su madre y a la hora del tradicional cacheo, la hicieron entrar a una carpa y las oficiales de la policía provincial la obligaron a desnudarse para connotar que no tuviera armas ni drogas. “Si no lo hacía me tenía que volver a Buenos Aires”, sentencia la porteña.


Leila accedió y concluyó: “Fue un mal momento pero viendo que después los barras entran con armas de fuego y cuchillos, esto es inentendible”. El fútbol nuestro de cada día.

Política barrabrava

La seguridad en el fútbol es un tema habitual en la agenda del periodismo deportivo. Pero para la política nacional no parece que fuera así. De hecho, funcionarios públicos les dan trabajo a los barrabravas y no proponen medidas contundentes. Julio Grondona, en el ojo de la tormenta.

Lionel Messi llora por la violencia en el fútbol. En primer plano aparece el mejor futbolista del mundo con una lágrima que atraviesa todo su rostro en un spot realizado por su fundación y la Municipalidad de Rosario. “Nadie gana” es el lema. Para Raúl Gámez, ex barrabrava y dirigente de Vélez, el fútbol “se convirtió en un negocio para los violentos”. “Actualmente la situación con ellos es gravísima. El Estado, en vez de combatirlos, los lleva a actos políticos, mundiales. Los utilizan tanto Guillermo Moreno como Boudou. Julio Grondona sabe de esto también porque le gusta ser mafioso”, explica Gámez con cara de indignado en un bar de Liniers, barrio en el que vive. Cacho Nieto - así quiere que lo llamemos-  es hincha fanático de Chicago y coincide en que los políticos utilizan a los barras: “Hay un barra del club que es “culata”, o mejor dicho guardaespaldas, de Moreno, ex Secretario de Comercio. Este muchacho no podía salir del país y viajó al Mundial de Sudáfrica para custodiar a Messi”

La relación entre el sector político y los barrabravas es tan oscura como real. Con el paso del tiempo se agigantó y desde el Estado nadie se hace cargo. Incluye a dirigentes de los clubes y a las fuerzas de seguridad. Sus documentos son la portación de armas de fuego. La lista de víctimas que realiza la ONG Salvemos al fútbol, contabiliza 273 muertos y 60 de ellos en los últimos diez años.  

“Esto es culpa de los políticos porque bancan a las hinchadas. No pueden decir que no saben qué es lo que pasa, no quieren ver”, analiza Nieto en su casa de Villa Insuperable. Asegura nunca haber sido barra, pero sí amigo. Siempre estuvo, y está, en el club y cuando trabajó lo hizo adhonorem. Casualidad o no, viste remera y zapatillas verdes y en su cabeza cuelga anteojos del sol con marco del mismo color que el club de sus amores. Gámez tiene un saco y una camisa sobria pero también le apunta al Gobierno Nacional y al Presidente de la AFA: “Quieren aparentar que hacen algo tomando medidas ridículas como sacar a los visitantes o implementar el AFA Plus y es mentira, no hacen nada. A Grondona le viene bien darle poder a los barras para debilitar a los dirigentes. Él necesita dirigentes débiles para manejarlos”.

Cuando Gámez era aún directivo presentó un proyecto en AFA. Consistía en que no fuera el público visitante por un año y que no haya venta de entradas, los únicos privilegiados serían los socios. Javier Cantero quiso hacerlo pero la barra fue más fuerte. También propuso hacer un tribunal de disciplina pero fuera de AFA, con jueces elegidos por concurso porque “si Grondona lo maneja sería más de lo mismo”, sintetiza el velezano.

En los últimos 30 años las peleas de los barras cambiaron de modalidad. Así lo explica Nicolás Licera, socio de Huracán desde los cuatro años: “Cambió mucho la violencia. Ahora es entre barras del mismo equipo. Hay negocios y plata. Se pelean para repartir ese dinero. Como por ejemplo: los estacionamientos, las entradas, la plata que les dan por mes los clubes, la ropa y hasta porcentaje de jugadores”. Licera no se olvida de los arreglos políticos: “En muchos clubes están metidos altos dirigentes políticos que utilizan a los violentos para hacer trabajos sucios o llevarlos de campaña con sus bombos”.

El club Colegiales milita en la Primera B Metropolitana, tercera categoría del fútbol argentino. Tampoco está exento de las internas que atraviesan sus hinchas más peligrosos. En octubre asesinaron a Fernando “Pocho” Morales, jefe de una de las facciones del club. Éste tenía relación con el presidente de Colegiales, Rodrigo González, que a su vez era candidato a concejal para Vicente López por el Frente para la Victoria. Gustavo Pereyra es relator partidario del Tricolor, amigo de González y presenció el velorio y la posterior marcha hasta el cementerio de Morales a pesar de que asegura no haber sido su amigo, pero sí que existía un respeto mutuo. Los presuntos asesinos son del sector opuesto de la barra que integró Morales. Se los relaciona con el PRO y el Frente Renovador. “La intención del Secretario de Gobierno, César Torres, es manejar el club, como no lo podían conseguir por las buenas, trataron de hacerlo a través del control de la barra y el apriete a la Comisión Directiva. Todo esto es un apriete para el presidente”, sentenció sin sonrojarse Pereyra.

Gámez repasa anécdotas de enfrentamientos entre hinchadas cuando él era joven. Con conocimiento de causa, el dueño de una inmobiliaria en el barrio de las mil casitas dramatiza: “Este Gobierno va a tener más muertos que la última dictadura militar”. “Cuando Menem sacó la colimba la violencia fue cada vez peor. Los pibes salían más hombres. Menem es el mayor culpable”, declara Nieto mientras lucha por hacer callar a su handy. Sin ir tan lejos en el tiempo, Licera, que tiene 19 años, recuerda que “hace diez años las peleas eran distintas, eran peores”. Los vínculos con los policías y las comisiones directivas fueron creciendo. Lo que sorprende es que quienes deben brindar seguridad son cómplices de los que atentan contra el hincha genuino y el deporte argentino más popular. Las actividades de estos hinchas caracterizados sobrepasan al fútbol. “Cristian Ritondo, vicepresidente de la Legislatura porteña, y Roberto Quatromanno, legislador porteño por el PRO, están involucrados en Chicago. Saben lo que pasa. De hecho, Ritondo se va a postular como vice el año que viene. Es sólo por dar un ejemplo. Ritondo preside la Solano Lima que es una de las agrupaciones más delincuente que hay en el país”, explica con una pizca de resignación Cachi Nieto. Además asegura que “en la agrupación Túpac Amaru de Jujuy está metida con el club Gimnasia y Esgrima de aquella provincia”. Esta asociación es presidida por Milagros Sala, que tiene conexión política con el Frente para la Victoria.



Para todos los entrevistados la violencia en el fútbol “no tiene vuelta atrás”, excepto para Pereyra, que tiene fe en que de a poco “todas las instituciones llegarán a una solución definitiva con la presencia de barrabravas, pero sin violencia”. La pasión del fútbol argentino se está perdiendo. Año tras año, los hinchas concurren menos a los estadios y el folklore de los cánticos entre una hinchada y la otra desaparece. En 20 años la asistencia en las canchas argentinas disminuyeron en un 100 por ciento. En la temporada 1993/1994, la venta de boletos ascendía a 2.743.990 mientras en la etapa 2012/2013 se pasó a 1.297.679.


Mientras, Messi llora por la violencia en el fútbol nacional. Messi caracteriza a los fanáticos de este deporte que quieren  ir a ver tranquilos un partido de su equipo favorito. Messi quiere que gane el fútbol.


viernes, 16 de noviembre de 2012

River vs Boca: “El superclásico de la violencia”

El clásico más emblemático del fútbol argentino dejó un capítulo más de violencia. Lo que para algunos fue una fiesta, para otros se convirtió en una pesadilla: 25 personas fueron internadas. La burla y la provocación no son bien tomadas en este ambiente cada vez más feroz e insostenible. Es una constante, para los periodistas, estar atentos a qué pasa fuera del rectángulo de juego. Tanto en esas tribunas coloridas y gritonas como en las calles que rodean al estadio. No hay lugar seguro cuando la locura va más allá de la pasión.

Por otro lado, los testigos de los incidentes del domingo aseguran que la policía no fue lo suficientemente capaz de impedir que esto ocurriese. ¿Si ellos no protegen, quién lo debería hacer? Se torna repetitivo pedir una y otra vez seguridad en los espectáculos deportivos. Las autoridades se pasan la bola y nadie se hace cargo. Ni siquiera un River – Boca, que de por sí, llama a prestarle más atención a este tipo de pretensiones.

El resultado de todo esto hace creer que acabar con la violencia en el fútbol nacional parece una utopía.

domingo, 14 de octubre de 2012

Pensemos en violencia

¿Para qué ganar los 3 puntos? ¿Para qué vencer a tu rival? ¿Por qué ganar campeonatos? ¿Clásicos? ¿Para qué jugás? Esto se lo pregunto a los chicos que practican el fútbol infantil en la Argentina pero también estos párrafos van dirigidos a los padres que llevan a sus hijos a jugar a este hermoso deporte.
Este deporte que hace que la pasión de las personas vaya al punto más extremo de todos. Hace que la adrenalina sea abultada y a veces esté de más. Pero, ¿se puede corregir esto?, ¿está mal? Seguramente haya opiniones diferentes. Entonces yendo a los chicos del baby fútbol que tienen entre 7 y 14 años hay que tener en cuenta que son nenes todavía. Tienen esa habilidad de absorber todo lo que ven y los rodean. Si ganan, mejor pero meterse en la cancha para pelearse con el árbitro, con el técnico, o con el público adversario es inadmisible.
¿Cuál es la diferencia entre jugar y divertirse? Estos dos factores deberían unirse y hacerse uno sólo para que el complemento sea el ideal. Los chicos, como esponjas, aprenden en esta circunstancia. Seguramente sea algo que nunca se olviden y cuando crezcan recuerden que practicaron este deporte cuando eran niños. Si hablamos de aprender, los padres tienen que entender que es un juego (tampoco justifico a los incidentes en el fútbol profesional). Están sus hijos, nietos, sobrinos en el medio.
Cuánto tardarémos en decir que no hay violencia en el baby y estar contento por eso. Hace 12 años comenzaba a jugar en una liga y hoy mismo puedo decir que estamos igual y hasta peor. Las cosas que vi y me cuentan es para no creer por alguien que nunca vivió esto.
Pareciera que sólo nos queda el consuelo de aceptar esto y esperar sentados a que esto cambie. Wordle: Violencia en el Baby fútbol

lunes, 27 de agosto de 2012

De la pelota ni hablar

Poco fútbol para tanta violencia. En la última semana se vivieron hechos lamentables. Los casos de Chicago y el del último fin de semana entre las facciones de La Doce son la síntesis de que algo sigue mal. Este último caso atemoriza. No sólo ir a la cancha es peligroso sino que a kilómetros del campo de juego también. En la ruta hacia Santa Fe, los barras de Boca, se tiraron a matar. Resultado final: cinco heridos.
“Es triste que no se pueda disfrutar de un deporte que sirve como entretenimiento”, alza la voz la gente. La realidad es que el cáncer en el fútbol no es un pase mal dado o una fallida definición al arco. La violencia tomó hace años un protagonismo indeseado e incontrolable. La corrupción, la incompetencia, la complicidad y la falta de responsabilidad de los gobernantes ayudan a que este problema sea una constante. La mafia en el fútbol es un asunto impregnado en el saber popular. El poder por el control de los negocios que hay atrás de la pelota, hacen del fútbol argentino, una vergüenza nacional. Pero en este baile se están poniendo en peligro la vida de personas que quieren cantar y disfrutar de un espectáculo deportivo. Nos acostumbramos a las noticias dignas de ver en policiales pero en la parte de deportes, donde los goles y los lujos pasan a un segundo plano. ¿Cambiará esto? Difícil si no hay propuestas firmes y concretas.